Viajando en pareja

Pescador Lago Inle

Trekking del Lago Inle

Este post es la continuación de nuestro viaje por Myanmar, primero visitamos Yangón y después nos fuimos hasta la increíble zona de Bagán, lugar arqueológico de valor incalculable. Después de estas dos primeras paradas, nos apuntamos a realizar el famoso trekking de Kalaw del Lago Inle.

Para llegar hasta Kalaw, otro bus nocturno y llegada en plena noche al pueblo. Según bajamos del autobús se nos pegó un señor de 67 años francés porque estaba el pobre muy perdido. Los cuatro nos dirigimos a nuestro hotel, el Sky Motel Kalaw, donde unos niños (no más de 12 años) estaban dormidos en recepción esperando a clientes y nos dio mucha pena despertarles. Nos acomodamos en unos sillones y allí esperamos a que fueran ellos los que nos despertaran. 

Solo una hora después, otra pareja de turistas con un poco menos de corazón que nosotros, despertó a estos críos, así que aprovechamos y preguntamos por nuestra habitación. Afortunadamente estaba lista y podíamos usarla (la habíamos reservado para la noche siguiente), así que rápidamente nos metimos en la cama y dormimos un poquito más para descansar del viaje. 

El primer objetivo al llegar era buscar una agencia con la que hacer el famoso trekking de tres días del Lago Inle. Desde hace varios años se han establecido algunas agencias en el pueblo que organizan esta caminata por los bosques y las montañas de alrededor, y que nosotros queríamos comenzar al día siguiente. 

Visitamos un par de agencias que nos dieron diferentes precios, algunas dan precios dependiendo del número de participantes, y otras tienen un precio fijo. Finalmente nos quedamos con “Ever Smile”, después de hablar con la jefa en su propia casa sobre cómo iba a estar organizado y sabiendo que saldríamos con, al menos, otras tres personas que se habían apuntado esa misma mañana. 

El precio del trekking de tres días es de 25 Euros por persona ¡una ganga! ya que incluye el guía, todas las comidas (desayuno, comida y cena) y alojamiento dos noches. La primera noche con una familia, la segunda noche se puede elegir entre dormir con una familia o en un monasterio budista. 

Se puede leer mucha información sobre el trekking en Kalaw, pero no queda muy claro si se puede hacer por libre. No está prohibido hacerlo por libre, y de hecho nos encontramos con una pareja rusa que lo estaban haciendo así, pero los caminos no están señalizados y es difícil encontrar alojamiento, ya que en Myanmar los birmanos tienen prohibido por ley acoger extranjeros en su casa y sólo aquellos que tienen licencia pueden hacerlo. 

Como teníamos el resto del día libre, fuimos a comprar algo de ropa de abrigo porque no teníamos nada apropiado para el frío del amanecer en esta zona, así que pasamos por una tienda en la que todo costaba 3000 kyats, es decir, 2 euros. Allí nos hicimos con un par de camisetas con polar por dentro perfectas para el clima. 

Comimos en uno de los múltiples restaurantes de la población, otra ensalada de aguacate, que ya nos habíamos hecho fans porque la aderezan con cacahuetes, y después nos fuimos a dar un paseo por el mercado, donde compramos pipas y nueces a granel que nos supieron riquísimas y que nos iban a venir fenomenal como snack para nuestros días de ejercicio. 

Descubrimiento de la pagoda con miles de Budas

El día antes de empezar el trekking al lago Inle, dejamos a Carlo en el hotel haciendo una entrevista, bendito mundo globalizado, y Sole y yo nos fuimos a descubrir un sitio muy curioso: Swe Oo Min Pagoda. (os dejamos la localización en el enlace)

Llegar hasta allí ya tiene un poco de historia, ya que se atraviesa la parte de fuera del pueblo de Kalaw y después debéis entrar en un campo de golf (¡un campo de golf en Myanmar!) que pertenece a una base del ejército. Allí dentro había un pequeño pueblo con peluquería, restaurante y escuela para las familias que viven allí. Un poco random

Ya íbamos flipando y de repente llegamos al templo. Este sitio es difícil de explicar. Un sitio con decenas de pequeñas estupas doradas en el patio, con estatuas de cobras (las serpientes, que son un símbolo muy usado en Myanmar) por todos los sitios y después: una cueva repleta de Budas. Pero cuando decimos repleta, es que no había un centímetro sin su buda. De todo tipo: grandes, pequeños, feos, bonitos, de oro, de plástico, de cristal, de madera, con luces, sin luces, vestidos, sin vestir… Y la cueva estaba compuesta por diferentes galerías en las que seguimos encontrando budas y mas budas. 

Este sitio no sale en casi ninguna guía y no es visitado por los turistas, pero desde luego que merece la pena. Nos reímos muchísimo con la situación y sobre todo con el esfuerzo de los locales en mantenerlo, ya que estaba iluminado con electricidad hasta el último rincón. Os dejamos fotos porque es indescriptible. 

Trekking de tres días al lago Inle: Myanmar

El primer día del trekking al lago Inle nos pasaron a buscar por el hotel a las 8 de la mañana, ya que la ruta comenzaba allí mismo. Nuestra guía, una chica de 20 años llamada Mina y local de Kalaw se presentó y nos explicó las reglas: la seguíamos y no se hablaba de política. Con las ganas que tenía Marta de agobiar algún local con la política, porque es muy difícil encontrar información fidedigna de la situación actual del país. 

El tema de la política en Myanmar es un poco delicado, ya que la dictadura terminó hace muy pocos años y la premio nobel de la paz Aung San Suu Kyi estaba siendo juzgada por el tribunal supremo de la ONU en ese mismo momento. Esta señora es la heroína nacional, hija de otro héroe nacional, así que es muy complicado obtener una opinión no sesgada de los birmanos. Bueno, esto da para otro post. Seguimos con nuestro trekking. 

Dejamos nuestras mochilas en el hotel ya que la propia agencia se encargaría de dejarlas en nuestro alojamiento en Lago Inle, por lo que llevamos solo unas mochilas ligeras con un par de mudas de ropa interior y poco más. Carlo además cargaba con los plátanos más verdes que habíamos visto nunca y que tenían toda la pinta de no madurar jamás. 

Primer día del trekking al Lago Inle

El primer día de camino atravesamos mucho bosque/selva, arrozales y a la hora de comer paramos en una pequeña casa de madera donde una familia muy amable preparó la comida para nosotros. Ensalada de aguacate y tomate, una sopa MUY picante y mucha fruta. Continuamos caminando por las vías del tren varios km hasta llegar a una de las estaciones de la zona, donde vimos llegar el tren, subir y bajar pasajeros y lo más interesante, todos los vendedores ambulantes. 

La primera noche la pasamos en la casa de una familia, donde nos cocinaron una cena deliciosa a base de pescado, verduras frutas y arroz. Prepararon nuestras camas: futones hechos a base de mantas en el suelo todos juntos y en la misma habitación. Nos enseñaron la “ducha” y el “baño”. La ducha era un simple cubo con agua fresca (muy fresca) donde nos lavamos como pudimos, porque hacía bastante frío, y el baño una caseta de madera con un agujero. Los baños naturales amigos.

Segundo día del trekking al Lago Inle

El segundo día de caminata le pedimos a nuestra guía, con la que no estábamos muy contentos, que nos llevase por pueblos habitados, ya que lo más bonito de esta actividad es poder ver los pueblos del país, por donde aún no pasa la luz y donde tampoco tienen agua corriente. Siguen usando los búfalos como animales de trabajo y viven del campo. 

Atravesamos decenas de campos de chiles, teñidos del rojo de los pequeños frutos y la casa en la que paramos a comer tenía miles de ellos secándose al sol. Incluso ayudamos a mover algunos sacos.

Con el resto del grupo congeniamos bastante: una pareja francesa, el señor francés de la primera noche, una señora alemana encantadora y súper tranquila y un italiano de 60 años fumador empedernido y hombre de mundo. Entre todos nos íbamos haciendo el camino entretenido, ya que nuestra guía dejó de explicarnos cosas durante la primera mañana

Le pedimos a Mina que por favor organizara nuestra noche para dormir en el Monasterio Budista que nos había explicado su jefa, algo que no sabemos por qué pero no le hizo mucha gracia, pero que después de mucho tira y afloja conseguimos. Al llegar al pueblo de esa noche, cenamos con la familia de ese día y tomamos unas cervezas para recuperar fuerzas. 

Estas familias viven en casas de madera, sin instalaciones como baños y cocinas. La cocina es una simple cocina de carbón en el suelo sobre la que se cocina todo. Esto es algo muy general en la Birmania rural y es por ello que el ambiente está siempre lleno de humo, aparte de la costumbre de quemar los restos del día cada atardecer o amanecer, lo que hace que la contaminación sea altísima. 

A pesar de que la cocina es muy básica, consiguen hacer sencillos pero sabrosos platos con los productos de la tierra, ya que casi todos trabajan en la agricultura. El turismo es una parte muy pequeña aún para Myanmar y sólo algunas familias consiguen los permisos necesarios para acoger a extranjeros. Nos contaba Mina que cuando el país salió de la dictadura hace una década hubo una subida muy grande en el turismo, pero que después se ha estabilizado y se ha quedado en que sólo una minoría de los viajeros del sudeste asiático pasan por el país. Suponemos que fue la curiosidad de visitar un país que estuvo tanto tiempo cerrado y del que no se sabía prácticamente nada. 

Fuimos al monasterio a dormir y los pequeños monjes, el más pequeño de unos 4 años, nos hicieron las camas con muchísima ilusión. Nos preguntaban cómo podían que de dónde éramos y se reían a cada minuto. La habitación estaba en la misma estancia que el Buda donde se juntan ellos para rezar, así que tuvieron que poner una especie de mantas para “cerrar” nuestro espacio y así no ofender a su religión. Dormimos un poquito mejor la segunda noche, porque teníamos más mantas y no pasamos nada de frío. 

Último día del trekking

A la misma hora del amanecer, dejábamos nuestro espacio en el monasterio y nos juntamos con el resto en la casa de la familia para poder desayunar. Era el último día de trekking y esa misma tarde estaríamos en el Lago Inle, el lago más grande de Myanmar. 

Las primeras horas de la mañana fueron muy húmedas y pasamos por campos llenos de telarañas que daban auténtico miedo, no apto para aracnofóbicos. Después de unos 5km de subida por el bosque, por fin llegamos al punto más alto. A partir de ahí, estábamos entrando en territorio del Lago Inle. 

El pago para entrar en Lago se hace en una caseta con una patrulla de policía. Aún no están tan avanzados como en Bagán, con sus máquinas que imprimen los tickets con el código QR, pero te dan un simple ticket que debes llevar encima mientras estás visitando la zona. El precio es de 1500 kyats, 10 euros, por persona.

La última comida del trekking la hicimos en un chiringuito sobre las aguas del propio lago Inle, con muchísimas plantas tropicales, sobre todo cientos de bellísimas orquídeas que colgaban de cualquier superficie. Allí descansamos y nos tomamos las últimas cervezas con nuestros compañeros para despedirnos. Todos estábamos muy contentos con la experiencia, ya que a pesar de que los paisajes no son una auténtica maravilla, hacer esta caminata te permite conocer al pueblo birmano de primera mano, durmiendo y comiendo en sus casas, parando en los pueblos y hablando con artesanos, viendo cómo trabajan los agricultores y jugando y bailando con los niños. Son tres días de sonrisas y curiosidad por su parte, y eso es lo más bonito que tiene este país. 

Al término de la comida, subimos todos a una barca alargada, sentados en el suelo, y nos dirigimos a Nyaungshwe, la población base para disfrutar de la maravilla que es el Lago Inle. Para llegar hasta allí tuvimos que atravesar el lago de sur a norte, más de una hora de camino en la que vimos a los pescadores, la fauna y los huertos flotantes desde nuestra barca. 

Lago Inle

En Nyaungshwe nos alojamos en Bright Hotel, con una habitación enorme para los tres y muy próximo al canal principal desde donde salen todas las barcas para hacer el recorrido turístico básico. Muy recomendable.

Después de tres días caminando sin darnos una buena ducha, nos pusimos guapos y salimos a tomar unos cocktails y a cenar por ahí. Leímos prácticamente todas las cartas de los restaurantes del pueblo, hasta que decidimos tomar unas copas en Peter & Tapas Grill, con un aire muy moderno y un dueño muy simpático. Para cenar nos decidimos por una azotea en un hostel que tenía muy buena pinta, Ostello Bello, donde tomamos una cena a lo occidental, olvidándonos del arroz por una noche acompañados de unos “buda libres*” y unas cervezas. 

* denominamos una nueva bebida el “Buda Libre”, ya que al pedir un cubra libre en vez de ponerle ron le pusieron whisky, que es la bebida que se hace en Myanmar. Nos pareció que el nombre le iba perfecto

Nada más salir de nuestro hotel para cenar nos encontramos con un señor que nos ofreció hacernos un tour para el día siguiente. Allí mismo cerramos un precio, le dimos un pequeño adelanto y nos despedimos hasta el día siguiente. Muchos viajeros no saben dónde acudir para poder alquilar una barca y explorar los alrededores de lago, pero como veis solo hay que caminar y ellos mismos se te acercan. Sino, siempre podéis acudir al muelle principal, justo delante del hotel Golden Inle Lake y allí estarán todos los barqueros esperando. 

Visita de los alrededores del Lago Inle

Por la mañana hacía frío, nos abrigamos con nuestros polares comprados en Kalaw y que nos vinieron de perlas y con las únicas mallas largas que teníamos en nuestra mochila. El desayuno lo servían en una terraza en la segunda planta del hotel, desde donde pudimos ver pasar a los habitantes del pueblo mientras comenzaban su día. Los niños iban al colegio en fila, todos con uniforme, las mujeres se dirigían al mercado con cestas de colores y los monjes pasaban de casa en casa pidiendo comida. 

La dueña de nuestro hotel tenía preparada una cazuela de arroz, se descalzó y se puso en posición para atender a una fila de unos 25 monjes. Cada uno llevaba su pequeño tupper de metal y ella les puso una cucharada de arroz. La generosidad de este pueblo no tiene límites.

Cuando ya nos habíamos comido nuestros huevos con tostadas, como todas las mañanas, nos preparamos para reunirnos con nuestro barquero. El señor hablaba inglés lo justo pero los gestos son universales, así que nos acomodamos en nuestros asientos de madera, donde nos había dejado una buena manta a cada uno para luchar contra el frío de estas horas. 

Obviamente no éramos los únicos y en el pequeño puerto pudimos ver muchos otros turistas que después nos cruzamos en los lugares de visita, pues son casi siempre los mismos, a no ser que el grupo tenga una petición específica. 

El lago a esas horas estaba tranquilo, con el agua azul oscuro como un espejo reflejando el cielo despejado. Las gaviotas subían y bajaban, algunas con suerte y pescando algún pequeño pez y los pescadores estaban ya listos para comenzar la faena del día. 

Taller de fibra de loto

Nuestra primera parada del día fue a una tienda de fibras de loto. A ver que nos expliquemos, de las plantas de loto, esas flores tan bonitas que flotan y se abren en el agua, se extrae una fibra con la que después pueden tejer. En el taller nos enseñaron exactamente cómo se hace. Primero con mucha paciencia, ya que para conseguir un kilo de material necesitan dos meses de trabajo, por ello es un material caro pero muy valorado, ya que abriga en invierno y refresca en verano. Con la fibra de loto suelen hacer pañuelos para llevar alrededor del cuello, pero no prendas más grandes como un jersey porque se necesitaría muchísimo y por lo tanto sería carísimo, casi nadie podría permitírselo. 

Además del loto, también trabajan el algodón y la seda. Vimos como lo hacen con los diferentes materiales y después pasamos a la tienda, donde todos los productos eran bastante caros, aunque Marta aprovechó para comprar una bonita y suave bufanda de algodón para el amigo invisible, que la Navidad estaba cerca y ya nos quedaba poco para volver a casa. 

Los barqueros que llevan a los turistas se llevan una comisión  de tus compras en las tiendas, así es como de verdad hacen el verdadero negocio y por eso la vuelta al lago es tan barata. El precio que nosotros acordamos fue de 15000 kyats (9 euros) por los tres para todo el día. De 8 de la mañana a 4 de la tarde.

Puros y cigarros naturales

La siguiente visita la hacemos en una tienda donde unas señoras hacían puros y cigarros a mano. Había cuatro señoras, una que parecía que tiene 100 años por la cantidad de arrugas que le surcaban la cara y su boca desdentada. Cada una de ellas elaboraba un tipo de puro de diferente: normal, de anís y miel, de menta y de plátano. 

Otra se encargaba de la venta a los turistas, nos explicó cómo se hace el producto, que son típicos de Myanmar y que a los ingleses, cuando el país era colonia, les encantaban. Obviamente, a nosotros también nos encantaron. Compramos cada uno un set de 12 puritos con una caja lacada para guardarlos. Nuestro barquero se iba a poner las botas con las comisiones. 

Pagoda Hpaung Daw U

Esta pagoda es la más importante de la zona, construida a la orilla del lago y su acceso se debe realizar por barca. De hecho, tuvimos que dejar los zapatos en la nuestra porque todo a su alrededor es terreno sagrado. En este punto ya os habréis dado cuenta que nos pasamos el 80% del tiempo de nuestro viaje de dos semanas en Myanmar descalzos, así que no está de más llevar unos zapatos que se quiten y se pongan cómodamente, unas simples chanclas bastarían. 

El interior del templo era muy similar a muchos otros que ya habíamos visto en nuestros días en Yangón y en Bagán, pero lo más remarcable de éste eran sus cinco pequeños Budas. 

Estos Budas, de no más de 30 cm de alto han perdido prácticamente toda su forma porque los fieles tienen la costumbre de pegarles hojas de oro en su superficie. Esta práctica solo la pueden realizar hombres, aunque en el recinto puedan entrar también las mujeres. 

También es famoso por el festival Birmano de Octubre, cuando durante 18 días sacan a los Budas en procesión por el lago en gigantescas barcas doradas con forma de pájaro. Estas barcas también se pueden ver pasando por los diferentes pueblos acompañados de música tradicional. Todo un espectáculo por lo que nos han contado, así que es un buen momento para planear una visita al lago, aunque suponemos que también será la época del año con mayor afluencia de turismo. 

A la hora de comer, nuestro conductor nos llevó a un restaurante encima del río. Como todo está acordado entre ellos, no debatimos y nos conformamos. Allí nos tomamos un zumo de frutas delicioso, una de las famosas ensaladas de aguacate y arroz y nos lavamos un poco. Los baños dan justo encima del lago en todas las casas, así que suponemos que todo va a parar directamente al agua. También nos fascinaron los tendidos de luz eléctrica, por encima del agua, con postes de madera carcomidos por los años y algunos en un ángulo de inclinación bastante peligroso que parece que sobreviven. 

Monasterio de los gatos saltarines

Aunque parezca que os estamos tomando el pelo, hay un monasterio que se llama así. Se ve que hasta hace unos años los monjes se entretenían entrenando gatos que saltaban durante la lectura de los textos sagrados y hacían las delicias de los allí congregados. Por lo que parece, esta costumbre se ha perdido, pero sus descendientes aún campan a sus anchas por todas las estancias del monasterio y acompañan a los monjes durante su tiempo de estudio. 

Paseamos por el interior, admirando la belleza de las maderas talladas, tanto en columnas como en el Buda que preside la sala principal. En la parte de fuera hay algunas tiendas de souvenirs y desde una de las plataformas flotantes se pueden admirar los campos de tomates cherry flotantes, perfectamente alineados. 

Pescadores en el lago Inle

Como última parada, teníamos programado ir a ver a los pescadores del lago Inle, famosos por su increíble destreza a la hora de moverse encima de su barca. Estos hombres utilizan unas redes semi rígidas, con forma cónica que hunden en el lago, de no más de 2m de profundidad, para poder pescar. Al mismo tiempo, se empujan usando uno de sus pies para remar y con el otro se sostienen en equilibrio sobre la barca. Reíros de las clases de Yoga. 

Además de lo impresionante que resulta verles realizar este movimiento sin esfuerzo alguno, como a las bailarinas de ballet, sorprende la tranquilidad con la que viven y los movimientos lentos, sin asustar a sus presas. 

Verles al atardecer fue una de las estampas más remarcables de nuestro viaje, vestidos con sus pantalones naranjas tradicionales y su sombrero de mimbre para mantener el sol a raya, que a mediodía es fuerte y ya calienta.

Nuestro barquero nos llevó a ver a alguno de ellos y se acercó mucho, por lo que entendimos que el señor esperaba una pequeña propina, así que le dimos algunos billetes pequeños. 

La vuelta a pueblo la hicimos como la tarde anterior, disfrutando del paisaje, de la calma que desprenden todos y cada uno de los pescadores del lago. Vimos cómo se bañaban en el río después de un duro día de trabajo o cómo las mujeres limpian la ropa en ese mismo agua. Algunos búfalos pastan en los campos de alrededor y los agricultores cuidan de las tierras inundadas de agua. 

Sin duda, el lago Inle es un lugar que debéis visitar en vuestro viaje a Myanamr y el trekking hacia el Lago Inle la actividad que más disfrutamos, además de ser extra barata, perfecta para un prespuesto low cost, como nos gusta a nosotros.

Ya sólo nos queda una última parada de Birmania que contaros: Mandalay. Estad atentos si no queréis perderos las primeras capitales del país y los templos más impresionantes.

Como siempre, gracias por leernos. Si os ha gustado nuestro post, os agradeceríamos que dejarais un comentario. También podéis seguirnos en nuestra cuenta de Instagram @twolivesdownunder

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2 comentarios

  1. Carmen

    Como siempre nos invitais a viajar!!!! Precioso!!!! y lo que más me gusta de vosotros que siempre os mezclais con la local people que son los más sabios y de los que más se aprende .
    Me encantan vuestros posts!!!❤😍😍😍😘😘😘😘😘

    • Muchas gracias! bueno, la mejor manera de aprender es siempre preguntando a los locales, ellos conocen la zona, los trucos y, al igual que a nosotros, les encanta compartir su historia y su cultura 😀

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